El título es una frase de una canción de Lori Meyers. Una que estaba sonando cuando he empezado a escribir. Me la han dictado ellos, desde el itunes. Qué majos.

Yo estoy muy perra esta mañana, pero eso no es novedad. Debería ducharme y bajar a por una bolsa de sal gorda, de la de asar. Anoche saqué una cinta de lomo para hacerla a la sal. Parece que empiezo con buen pie pero todo se queda en intenciones. Supongo que al final comeré una porquería y el domingo maldeciré a mi sombra por no haber seguido el plan inicial. Eso, o me voy ahora, después de publicar, al supermercado, y lo hago todo al derecho.

Anoche me fui a la cama temprano, cogí a Murakami (no literalmente sino literariamente, claro) y acabé con su libro. O quizás acabó él conmigo. Cuando leí el último párrafo volví al principio. Y empecé a leer. Luego repasé todo lo que había marcado. Me he enamorado de Watanabe, el protagonista. Ahora no sé si se escribía así. Es igual. Cuando me dormí soñé que iba a una librería y encontraba muchos libros del japonés y que me los quería llevar todos. No recuerdo si los compraba o si, por el contrario, no tenía un duro y me iba llorando mi desgracia. Tampoco es importante. No es lo que conseguí llevarme, sino lo que encontré. Una gozada. Y es extrapolable. Serendipias nocturnas, las mías.

Vuelvo a dilatar mi café. Pero ya está, me doy una colleja mental y me voy a ducharme. Ya está bien, joder. Ya basta.

Vámonos que nos vamos.