He ido a por un kilo de mandarinas, le he hecho prometer al frutero (el marido de mi frutera) que estaban tan buenas como las del otro día. Y claro, él qué me va a decir. También he comprado tres plátanos muy amarillos. Son preciosos los plátanos, sin segundas lecturas.

Ya que estaba cerca, he entrado en el Mercadona y he comprado algunas cosillas. Unos yogures de queso fresco con frutas, pan con cereales, jabón de manos (de aceite de oliva y miel, a ver cómo huele), una lata de berberechos, un litro de caldo de pollo (10% más, gratis, no me puedo resistir a las ofertas), un trozo de queso semicurado porque me ha dado el antojo (pero no es nada del otro mundo), y no recuerdo qué más. Me encanta el queso, pero me contengo, porque si por mí fuera compraría de todos los tipos y me pondría gorda como una vaca lechera.

Antes de todo eso he ido a la tienda de chinos, me he reído pensando en comprar una cosa que al final no he comprado (porque no era exactamente lo que buscaba), he visto otra cosa que quiero regalarle a alguien para dar por culo un poco, y me he ido de allí con una regleta de seis enchufes, que la que tengo en el ordenador está muy castigada y me quema los enchufes y con sólo mirarla los desconecta. Mi ordenador está listo para el formateo, ya vacié todo en mi nuevo y flamante disco duro externo de 400 gigas y me pide la puesta a punto a gritos, con señales inequívocas (de repente le ha dado por reiniciarse solo, más mono él).

Hoy estoy feliz, irradiando, gracias a dos canciones, sobre todo a dos, pero también a algunas más. Esta mañana es prometedora, de las que me prometen que las cosas van a ir bien, que estamos bien, que me voy a comer un kilo de mandarinas poco a poco, y que ya no escuece, sólo cura.

Y me crecen ganas; enredaderas kamikazes, ganas de todo, ganas de nada, ganas de mí y de quien se me arrima. Ganas de seguir enredando, porque no hay nada más sano y natural que el viento soplando, alborotando el pelo, éste que no me peino, el flequillo rebelde, las puntas abiertas, el color original resurgiendo.

Y esta noche, al cine. Qué más puedo pedir.