Hace casi un mes Lucía me dijo que hiciera un ejercicio psicomágico. Me dijo que escribiera en un papel “sí” y en otro “no”, y que me guardara cada uno en una mano. La mano izquierda es la mano femenina, la de recibir; esa mano lleva el “sí”. La mano derecha es la mano masculina, la de la acción; esa mano lleva el “no”. Preferí escribir sobre la palma de mis manos directamente. Me explicó que tenía que ir por mi casa dando puñetazos y gritando ¡sí! ¡no!, dependiendo de con qué mano los diera. Tenía que negar las cosas que encontrara o aceptarlas. Me dijo que había un segundo paso, la conclusión del experimento, que ya me contaría cuando lo hiciera.

Esta mañana lo he hecho. Los síes han sido, si no recuerdo mal: ordenador, cama, cajonera de colores, un calcetín azul, foto de mi padre, un bolso, mueble de la entrada que no utilizo y que quiero tirar porque era para un amigo que al final no lo quiere, libros, sujetador negro que había sobre mi cama… Las negativas han sido para: radiador, ventana del salón, tendedero, un calcetín naranja, la cajonera pequeña sobre la que tengo el ordenador, la estantería completa de mi cuarto, otro bolso, el paquete de tabaco, el disco duro externo, un bote de cristal lleno de botones, la televisión…

No recuerdo todas las cosas, pero aún así, llamo a Lucía para que me cuente qué tengo que hacer ahora. Me dice que tengo que tirar todo lo que he negado. Me entra la risa floja. No puedo tirar el radiador, porque hace frío. No puedo tirar la estantería, porque la necesito. No puedo tirar la ventana del salón, por razones obvias; aunque puedo tirarme yo por la ventana del salón. No puedo tirar la televisión porque no es mía, y total, nunca la veo. Tirar el paquete de tabaco que me acabo de comprar me parece de tontos. Tirar el disco duro externo donde tengo todo, pues va a ser que no. El bote de los botones lo podría tirar. La cajonera pequeña también. De momento, me lo pienso.

Me dice que es un invento para hacer limpieza psicomágica, o no sé qué. Dice que cree que a mí me viene bien, porque no sé hablar en términos absolutos de negación y afirmación. Bueno, sí sé, pero a veces me cuesta, y no me doy cuenta de que lo evito. De momento, no tiro nada. Pero pienso, pienso en hacer limpieza de verdad, en deshacerme de tantas y tantas cosas que no necesito. En quedarme con lo que realmente quiero. Eso sí que lo puedo hacer. Y no tiene nada que ver con desechar un calcetín.

Me miro las palmas de mis manos y ahí está la clave. Al final, todo es más sencillo de lo que parece.