Ella es bajita, con el culo rechoncho, unos rizos castaños alocados y una expresión inusual en la cara. Luego la miro mientras me habla y me doy cuenta de que ha tenido que recomponérsela. No es su expresión, es su cara, tal cual. Cojea. Todo indica que tuvo un accidente terrible. Además no tiene brazos. Lleva una cazadora burdeos, y las mangas le cuelgan oscilobatientes. Me pide que le enseñe unos relojes. Los señala con lo que parece ser un muñón fino, a la altura del pecho, o un poco más arriba, es difícil de saber. Son como unas alas cortadas, dentro de un impermeable.

Duda entre varios modelos, se los voy mostrando, hablamos de sus características. Dice que no quería gastarse tanto pero que se lleva el de DKNY, por valor de doscientos euros ¡A ver si por fin consigo al chico!, me explica con los ojos llenos de velas. Dice que está en México y que si no le gusta el regalo, ella volverá a cambiarlo, cuando regrese a España. Está nerviosa y excitada. Yo siento inevitablemente un poco de lástima, no por sus brazos, sino por lo de querer conquistar a un chico.

Justo antes de que corte la etiqueta del reloj me dice que espere. Guárdamelo y me lo pienso, hasta la hora del cierre. Luego vengo y decido. Vale, yo te lo guardo. Sonrisas. Se va contenta. A los diez minutos vuelve. Ya me lo he pensado, me dice, me lo voy a llevar, porque es precioso y luego me voy a arrepentir si no lo hago.

Me pide que le saque la cartera de la mochilita que lleva a un hombro. Ella misma la ha cogido entre la barbilla y el hombro y la ha puesto sobre el mostrador. Me indica dónde está la tarjeta y el carnet de identidad. Me siento un poco rara bicheando en sus cosas. Paso la tarjeta y sale el ticket para que firme. Coge el bolígrafo contorsionándose un poco, y firma. Pone tres iniciales grandes, con soltura y la caligrafía de un niño de seis años.

La ayudo a ponerse la mochila, guardando la caja con el reloj en su interior, me sonríe. Se va feliz con la compra. Cree que puede conseguir al chico. Está decidida. Ese reloj con cronómetro digital, diseño de Donna Karan, correa de piel, esfera redonda…. Ése va a ser el secreto de su éxito. Cojea con tanta firmeza que por unos segundos estoy a punto de soltar gritos de ánimo.

A por él, campeona.