Mario viene a comer, y a llevarme a la tienda con la super maleta, y; como debe ser; a despedirse. También le dejo mirar un rato internet, que el pobre lleva en lucha con Yacom (cabrones) más de dos semanas.
Yo - Igual no te llamo mucho.
Él - Lo sé.
Da gusto, es perfecto, cuando las cosas fluyen, cuando no hay que dar más explicaciones, ya sean pedidas o sin pedir, cuando entiendes y te entienden todo, sin segundas lecturas, sin malentendidos. Él sabe, entiende y conoce. Él me quiere aunque yo amenace con desaparecer del mundo durante una semana. De todas formas nunca desaparezco del todo.
La tarde fue de locos. Mi jefa estaba cabreada y llevaba horas en la tienda metiendo caña. Menos mal que Lucía se lo toma con humor y que a mí nadie va a estropearme la sonrisa que calzo desde que me he levantado. Me apunto a la bronca, me apunto al peloteo, al gesto afirmativo de cabeza y a la súplica silenciosa de clemencia. Nos deja finalmente con ochocientas (el número mágico) cosas que hacer y la tienda llena como si fuera la noche antes de reyes. Aún así lo pasamos bien. No podemos atacar a las mandarinas (que esta vez y por ambas partes, vienen malas o secas) hasta bien tarde. Una señora le dice escandalizada a su marido "mira, se está comiendo una mandarina", a lo que el marido contesta "déjala, mujer, déjala".
Honey viene a verme cuando estamos cerrando. Parece que congenia con Lucía. No es de extrañar, tanto por una parte, como por la otra. Las miro disimuladamente y pienso en la suerte que tengo de conocer a dos soles como ellas. Jugamos a los malentendidos y nos reímos. Yo estoy emocionada, soy todo dientes, mis ojos no se están quietos, la risa flojea. Honey me lleva la maleta hasta el taxi, en el que me acompaña. Como si fuéramos novias. Cibernovias, en este caso, porque nos hemos visto dos veces en total, y cuando hemos intimado ha sido a ritmo de teclado y a deshora. Pero a pesar de lo raro que sigue resultando vernos y oírnos en persona, la considero amiga, la considero cercana. Me gusta Honey.
A una japonesa que casi nos atropella (andando, ojo) le han robado el bolso. Parece no importarle, mantiene el equilibrio espiritual, aunque va con prisas. La compadezco, me entran ganas de decirle que me pasó lo mismo. Pero todo esto ya está contado en otro blog. Pienso en el viaje de Honey a Japón, en lo mucho que se merece un descanso, un viaje muy lejos, donde abrir los ojos y que te respiren las pupilas, sin que tengas que mover un dedo.
En el tren, todavía parado, hasta el infumable hilo musical me parece cojonudo. Me voy a Sevilla. Me voy a Vejer. Nunca cuatro palabras sonaron mejor.
Y ahora, que estoy en Vejer, ni te cuento.

2 mar 2007 | 07:13 PM
Jajaja te comes las mandarinas?, yo aquí me acabo los snacks jijiji.
2 mar 2007 | 07:51 PM
Sí, me como las mandarinas a pares, Lo mejor de la temporada.
:)
3 mar 2007 | 03:30 PM
Citric Girl, always surprising...
Fuerza y honor.