Un escalón

Dos escalones

Tres escalones

¡Ale hop! La escalera sólo tiene cinco o seis escalones, pero oigan, cuesta lo suyo. Aquí las mujeronas son cantúas, como dice mi madre, con culos gordos de tanto buen comer pero pantorrillas fuertes, de las palizas diarias cuesta arriba y cuesta abajo. Soy consciente de que mi madre me dirá que quite las fotos de su culo en pantalón burdeos de internet, pero creo que ella también es consciente de que esta guerra la tiene perdida conmigo.

(*) Tanta actividad pizza taco se debe a que me han dejado en la recepción de La Botica, esperando la llegada de unos clientes. Y yo, aquí, en mi salsa. Cómo si no.

(*)(*) Actualización: le cuento a mi madre esto que he colgado aquí, por teléfono (ella se ha ido a la casita en cuestión, por esa misma escalera), y ella amenaza con colgar una que tiene mía tomando el sol en toda mi plenitud carnal, pero para colgarla en la web del hotel. Pues menudo reclamo para captación de clientes, pienso yo. Mis carcajadas resuenan en el patio de la casa.