Paseo de las Cobijadas

La calle en la que se encuentra el bar que vamos a re-abrir se llama Paseo de las Cobijadas. Tiene dos veces el nombre, por si cabía duda. Estos días he pasado mucho tiempo en ese escalón en el que mi madre habla por teléfono, también hablando por teléfono, o simplemente respirando y escuchando a mi familia enlatada, esperando planes, recibiendo señales nítidas de una antena de emociones invisibles.

Las cobijadas iban todas de negro, y me las imagino en su paseo, clavándose como si fueran grabados en esas paredes. Es impresionante la luz de las paredes. Sé que estoy muy pesada con eso. Pero no puedo evitarlo. Vejer me ilumina, Vejer irradia, Vejer renueva tus retinas con luz que reinicia todos tus sistemas. No me gusta esa frase. Pero sí que renueva, oiga.

En la foto, además de mi madre resolviendo el mundo a golpe de telefonazo, Josip, el croata gamberro, con su cerveza y su traspiés. Y sí, ese vaso de tubo que espera paciente en el suelo es mío.