Descargo maletas. Parece que los gatos tienen un virus estomacal, están las calles plagadas de potas y diarreas. Hasta eso me hace sonreír. En el hotel, abrazo a Josip, abrazo a Juani, achucho a Pitu, el perro de cara lastimera.

Pitu lastimero

La gente me saluda por la calle. Incluso la gente que no conozco. Dejo la azotea para más tarde. No quiero conectarme a internet. No quiero hablar por teléfono. No quiero nada más que recibirme allí. Josip me da a escoger entre la habitación 2 y la 6. Escojo la primera, que tiene vistas, aunque esté en la planta baja y me despierten con los desayunos. La ducha huele a cuando te duchas al volver de la playa. El agua de la ducha sabe a sol, me cago en la leche.

Dejamos al Pitu en casa de su dueño y le acompaño a tender una lavadora. Después de dos años el croata ha comprendido que las pinzas son útiles en este pueblo. Todavía me acuerdo del primer verano allí, que me decía que por favor le fuera a destender la ropa que había dejado secándose en su casa de entonces y cuando llegaba al patio en cuestión (allí son todo patios y azoteas) la ropa se había destendido (y esparcido) sola. Josip nunca lleva los calcetines emparejados.

Entro al proyecto de bar por primera vez. En la puerta, con mi madre, nos cruzamos con Simón. Es un pescador viejo, viejísimo, con una vitalidad y un humor envidiables, y con un ojo de cristal. Al principio me cuesta hacerme al acento cerrado de los de Vejer.

- He cogido de ahí del camino que sube un puñado de espárragos - dice haciendo un gesto con las manos indicando el grosor del ramillete.
- ¿Y cómo te los vas a hacer?
- Pues una tortillita y un gazpacho caliente con pimiento rojo y los que sobren.

Hago amagos de siesta en casa de mis padres. Qué coño, en mi casa. Ésa sí es mi casa, porque me da la gana a mí. Hago amagos de bronceado en el tejado. Pero hace frío. Finalmente me quedo con el chubeski (no sé cómo se escribe) y con la banda sonora de dos perros hermanos que recorren todas las distancias galopando y trotando, sin descanso.

En la nevera un tupperware vacío y frío, para el futuro jamón de york. Cosas de familia. Por la noche, después de cenar, me quedo con mis padres viendo videoclips de los ochenta hasta que Michael Bolton me echa a patadas. Nunca he soportado a ese tío. Me voy a mi cama, en el hotel, a sufrir disfrutar una pequeña muerte y resucitar mañana bien temprano.