Esto es lo que pasa (aunque en realidad no pasa nada), que me pongo a divagar en la tienda, en un documento de word y luego voy y lo publico, para regodearme en la idiotez:

Yo quiero improvisar todo el tiempo, pero lo que tengo es un puñado de operaciones calculadas. Quiero ser una esterilla, desenvuelta, reversible entre piedras y brazos. Extenderme, desenredarme, pegarme al suelo. Aterricé con las respuestas aprendidas y me quedé en blanco.

Cabeza al vapor, sofritos sensacionales, postre, pan y café. Venga quien venga, acabo comiendo sola. Con mi media etiqueta, mi media vida, mi medio almuerzo. Ni me reflejo en el cristal ni consigo abrir boca. Alguien con número privado me llama, escucha y cuelga. Yo ni me llamo ni me escucho. Sea quien sea, es mi héroe.

Clavada como un palo de helado. Fría y distante, conmigo. Llena de churretes que pican. Liberando histamina quedo, contra mi voluntad. Me arropan las palabras prohibidas. Las saco al alféizar, dejo que salgan y vuelven, las muy estúpidas, a comer de mi mano. Es que hace frío, me espetan. No te jode.

Sólo necesito que me toques justo ahí, dando en el clavo. Ahora, no te detengas, lee lo que dice mi cara, descíframe, adivínalo. Tienes que ir deprisa, que se escapa el momento. Efímera en todo lo que hago. Permanente en lo que importa. Te juro que lo intento.

Sólo quiero improvisar un rato. Volveré enseguida. No me esperes levantado.

Así que hala, no me hagais ni puto caso, por favor. Que ni me entiendo ni me soporto yo. No puede ser más típico; soltar la misma jodida mierda cada 28 días (chispa más o menos). Qué puto coraje me da. No puede ser más tonto, ni con menos importancia.

O sí.