Estoy harta. Era de noche. Iba a un concierto de un amigo mío, que al final era un estreno de una película suya. Él no dirigía, sino que le ponía música. Tiene sentido. En el sueño pasaban muchas cosas, había mucha gente y todo eso. En el estreno se sentó a mi lado un amigo de este amigo (el de la peli y el concierto), que según tengo entendido es homosexual. Pero yo creí ver que me estaba tirando los trastos. Eso fue raro de cojones.

La peli iba sobre Ciencias. Sobre la asignatura de Ciencias Naturales del colegio. Allí estaba mi profesora de BUP de Ciencias, una mujer pequeña, rubia teñida, con los ojos más saltones que he visto jamás, que llevaba lentillas duras y cuando mirabas su perfil veías como si fueran dos gotas enormes de silicona sobre sus retinas. Parecía un androide y tenía muy mala leche. Pero ésa es la descripción real de Concha, no lo he soñado.

No consigo recordar muy bien el concepto del sueño, pero resulta que yo tenía que fotocopiarle a otro amigo mío (que no estaba allí) los apuntes de los últimos temas, para un examen que había al día siguiente. Yo acababa de volver de vacaciones (mis vacaciones reales, las de Vejer) y por la mañana me quedé dormida. El amigo de los apuntes vino a recogerme a casa, y a por sus apuntes para estudiarlos antes del examen. Yo vivía dentro de la tienda de comida preparada que hay al lado de mi casa. Hacen unas croquetas buenísimas, de esas con la bechamel bien espesa y que no sabes si son de pollo o de jamón pero da igual porque están de muerte.

Le veía entrar y medio dormida le decía que no los tenía. Él se cabreaba y me decía no sé qué hostias de que nunca se podía contar conmigo, y se iba dando un portazo. Me miraba con odio y decepción. Yo salía a la calle en pijama, gritando, pidiendo perdón, diciéndole que joder, que acababa de volver de vacaciones, que tenía dos trabajos, que si se creía que yo podía estirar el tiempo a mi antojo, que bien podría haberse buscado la vida, que era un caradura, que me dejara en paz. Aquí el sueño pasó de ser paranoia a pesadilla.

Hacía frío y había gente en la calle que iba a trabajar. Todos veían muy normal la escena. Lo chungo era todo esto de haberle decepcionado. Pero cuando me vio salir a la calle en pijama, con mis pezones señalándole a través de la camiseta y los pelos más desordenados de mi vida, se reía. Parece que mi reacción le hizo ablandarse. Aunque ahora la que estaba cabreada era yo. Entonces me he despertado más tranquila, aunque, como todas las veces que sueño con exámenes, me he despertado pensando si no voy a llegar tarde al colegio.