No son mis pies. Ahora mis pies hacen play-back. Camino del metro, cantan por los tacones de aquella señora. Llegando a casa repiquetean siguiendo el ritmo de alguien que trabaja a deshora. No son mis pies. Perdieron el paso, el eco, el trazo. Sueño con los pies de otros, con tener zapatos, con saber atar cordones.

No tengo pies y creo que por eso me falla la espalda, por eso me duele la palabra, por eso si la cabeza me da una vuelta más me caeré de boca. No tengo pies, ni nada bajo ellos. Ojalá eso significara que puedo volar. Pero sólo significa que no tengo pies.

Ni cabeza.