Y me acuerdo de cuando entré en aquella atracción de la feria. Había humo blanco por todas partes. El humo blanco te impedía verme. Esos espejos estaban hechos para que me vieras gorda, delgada, baja, alta, deformada, cabezona, paticorta... Pero seguía siendo yo. Me miraras donde me miraras.

Soy cabezona, y cabezota también. Mis piernas no son muy largas así que casi siempre me quedo cerca. No sé alejarme y tampoco quiero. Gorda o delgada según las ganas de comer. Ahora mi estómago pide, pero no le doy. Mis taras son siempre por exceso.

Y en caso de emergencia me interpolo, y me estiro hasta donde tu vista alcanza; como las cámaras lentas.

Me quedo en el umbral, quietecita.
Esquivando los reflejos.