La conexión:

El título de este post es exactamente lo que decía el asunto de un correo spam ayer. Marqué la casilla para borrarlo pero me quedé un rato mirando la frase. A ver si va a tener razón. A veces el spam y yo sintonizamos tanto que da para escribir un libro (o cuarto y mitad de post pastiche).

La incohesión:

Por la calle voy quedándome con lo que dicen unos y otros y suena algo así:
Yo lo que quiero es que nazca sano / Sacaron a Cañizares y tres veces que tiraron, tres goles que metieron / Yo fui una vez con mi novia a Santa Pola y allí sí que sí / Venga, te dejo que te metas con mis pelos del sobaco.

Recogí los seis pares de lentillas. Por lo visto llevaban semanas esperándome. Todos los que trabajaban en la óptica sabían quién era. Mira, ya ha llegado la de las lentillas. Diez pares de ojos me miran y me sonríen. Ahora que soy dependienta sé perfectamente que han teorizado sobre mí, han valorado hasta mi nombre y apellidos, me han llamado topo, se preguntan de dónde vengo y a dónde voy, no entienden por qué no me opero la vista estando tan cegata, se ríen de mí sin conocerme.

Ayer en la tienda se acerca a mí un tipo y me pregunta si hay alguna dependienta para atenderle. Le digo que yo soy la dependienta. Me mira de arriba a abajo, estudiándome. Me dice que pensaba que era la de seguridad de la tienda. No sé muy bien cómo tomármelo.

La autoreflexión:

Es decir, yo me flexiono y luego, con suerte, me vuelvo a flexionar.