Pues hoy toca trabajar en la tienda. Cuando no era dependienta me parecía cojonudo que las tiendas abrieran los primeros domingos de cada mes. Ahora tengo mis dudas.

Me he duchado tarde y me he ido con el pelo mojado al viento, a por mi(s) ejemplar(es) de la revista. Definitvamente todo queda mejor en el formato impreso. Ahí estoy, contando mentirijillas, en la esquina inferior derecha de una página par. Y ahí mi tía con mis primos, y mi amigo Gonci, que además sale en portada y sus fotos molan todo. Qué divertido ha sido (y es) todo esto. Ya me ha llamado Nick Furia descojonándose, y me dice "¡yo creo que este reportaje es de laluz!". Ay mangurrián, pues claro que lo es. Me ha llamado también mi hermana, con Julio, riéndose de mí. Metiéndose conmigo por ignorar a mi novio que conduce.

Ayer en el metro se subió una negra joven, guapísima, con un casco hecho de papel de plata que se amoldaba perfectamente a su cabeza. Evidentemente estaba loca. O quizás no. Yo no sé si era para evitar que los alienígenas que nos vigilan le leyeran la mente, para evitar que corrompieran sus ideas; o si era simplemente un remedio para no mojarse bajo la lluvia. Lo que está claro es que el que no se protege (de la lluvia, de las invasiones, de la vida en general) es porque no quiere.

Hoy es domingo, me dedico a perder el tiempo todo lo que puedo, porque este día de la semana siempre lo reservo a eso, y hoy me lo cortan por la mitad. Además hoy curro con un chico nuevo, al que no conozco. Es el que trabaja en mi lugar con Lucía, en Serrano. Lucía me llamó ayer (watx llamando a watx) descojonada.

- ¿Qué tal todo?
- Bien, bueno, tú sabes.
- Pero ¿te pasa algo?
- No...
- ¿Qué pasa, no puedes hablar?
- Eso.
- ¿Estás harta del nuevo?
- Bueno, no tanto, pero ya sabes.
- ¿Me llamas para desahogarte, lo tienes delante y no puedes hablar?

La pobre. Dice que no está mal, pero que no tiene nada que ver con él. Y claro, comparando con el tiempo que estuve yo allí, sale perdiendo. No me estoy echando flores, no es eso. Es que Lucía y yo arreglábamos el mundo en cuatro horas, lo hablábamos todo mientras sellábamos garantías y etiquetas. Somos amigas. Ahora tenemos compañeros de trabajo. A ver cuándo nos hacemos un hueco la una a la otra y nos volvemos a tomar una cervecita. De las que revitalizan cuerpo y mente. Como en el anuncio.