Un día menos. Duermo poco pero compensa. Hoy estoy contenta. A pesar de las reacciones encontradas, a pesar del frío, a pesar de los errores. Tampoco pasa nada. Hay algo cierto que un amigo me repite a veces, y es que la palabra escrita pesa. Y no le falta razón. Tengo amigos sabios. Hoy es martes, veo cómo amanece en mi porción de queso y es todo naranja y blanco. Pocos coches por el momento. Bastante silencio para lo que estoy acostumbrada.

Ayer fue un día de locos en la tienda, salí de allí activa pero me fui apagando. Necesito espacios abiertos. Me han recomendado buscar un lugar al que subirme, algún sitio muy alto, desde donde ver horizontes, desde donde ver mucha distancia, donde poder respirar y mirar lejos. Creo que debo empezar a aprovechar los ratos libres aunque esté cansada. Hacer un pequeño esfuerzo y salir a pasear, como he hecho otras veces.

El jueves voy a intentar (por todos los medios, lo prometo) salir a la calle, pasar por esos puestos de libros del Paseo del Prado que siempre veía desde mi autobús número 27, cuando trabajaba con Lucía. Pasar y hojear libros, quizás comprar alguno, llevarme mi cabecera y mis luces en un bolso grande, sentarme a leer, a escuchar, a mirarlo todo. Evitar ahogarme en la pereza que acarreo desde hace tiempo. Reaccionar. Vivir un poco.

Anoche dieron las dos de la mañana y firmé un contrato en el aire, con los dedos. Un contrato de permanencia, un contrato secreto, un contrato importante. Estoy completamente segura de mi decisión. No me dan miedo las cláusulas ni la letra pequeña. Este contrato es mío, me beneficia y es para siempre. Lo firmo con mi nombre, con mi sonrisa de oreja a oreja y con todas mis ganas. Oficial, legal y mío. Mi contrato irrompible. El contrato perfecto.

Ahora ducha, café largo, caminito fresco y a seguir editando con un sistema multicámara una obra de teatro. Y luego tienda, y luego arrastrar los pies, y siempre las palabras. Éstas no se arrastran siempre, éstas van solas, o se acompañan, apoyándose la una en la otra, hasta dar con la calle correcta. La calle donde quiero vivir. Una de tantas.

Ahora el sol ya está arriba, se cuela por mi reojo y lo convierte en acuarela.

Pistoletazo de salida.
Ojos abiertos.
Alma despierta.