Yo no iba a ir. Primer día de regla, dolor de pies, cansancio acumulado. Que no, que no voy a ir. Me llama (o llamo yo, no me acuerdo) Lucía, que si quedamos en plan tranqui, que ella luego va al cine con su novio, pero que se toma una cervecita rápida. Eso sí puedo hacerlo. Eso quiero hacerlo. Me vuelvo tempranito y descanso.

A Lucía le habían dado una mala noticia, tenía el día frágil, vulnerable, necesitado. Finalmente, tras un par de vaivenes, no fueron cervezas sino vinos ácidos, malísimos, tres cada una. Y un atún con pimientos para ella y un montadito gañán para mí, de panceta adobada, ni más ni menos. Mientras me lo como lo dibujo mentalmente en mi culo. Qué más da. Hablamos de miles de cosas. Un rato habla ella y yo bebo, otro rato hablo yo y ella me adelanta con la copa.

Parece que el plan va mutando, que no hay cine, que no hay novio, que vamos a su casa a cambiarnos, que me va a enseñar su videobook y si se tercia y nos apetece nos plantamos en mi cita semanal de bailoteo con este señor. Le llamo desde casa de Lucía y me dice que hace frío. Luego vamos para allá. Lucía me enseña el videobook y es precioso. Es tierno, divertido, múltiple, musical. Me enseña que también se ha hecho una página web. Nos comemos dos minibocadillos de jamón york y mantequilla (uno cada una), para no acabar fatal. Hay que ir siempre bien alimentada. Lo acompañamos con vino de Rueda. Para empapar.

Me viste. Me va dejando cosas para que me pruebe. Que si esta camiseta te puede quedar bien, que si mira ésta que hace siglos que no me pongo... Al final paso de mis vaqueros y me meto en una de sus faldas. Me gusta mucho llevar falda, y lo hago más bien poco. Me hago una coleta alta, de las que le gustan a ella. De las de dejar al descubierto las emociones. Una coleta de las de Grease, como yo las llamo. Bailamos frente a un espejo enorme que tiene apoyado en el suelo. Suena Muchachito Bombo Infierno. No sé por qué, pero encaja perfectamente con el momento. Llegado un punto me ve las tetas y me dice que las tengo preciosas. Hemos cruzado la línea de mear juntas, de vernos las tetas y de tirar camisetas a una montaña desorenada. Parecemos quinceañeras.

Entramos en el Low Club. Vengo avisada por mi amigo alcachofo, y le descubro barbudo, que le sienta estupendamente. Voy porque pincha una amiga suya. No hay mucha gente, de hecho, al principio no hay nadie. No conozco ninguna de las canciones pero muchas de ellas me invitan a soltarme la melena. La chica sabe lo que hace, está muy concentrada y muy seria, a veces baila, se emociona, sonríe. Me muevo loca, de manera automática, sin vergüenza ni reparos. Sudo de la única manera en la que disfruto sudando (vale, quizás hay otra manera más, pero no viene a cuento).

Lucía parece saberse todas las canciones, tiene un don. Y no se sabe ninguna. La novia del alcaucil brilla como una aparición bajo las luces de neón. Sonríe mucho, te entran ganas de reír con ella. Siempre me ha caído muy bien. Tienen algo estos dos, algo sano, algo sincero y sin más vueltas que las que da el susodicho en la pista de baile. La cerveza son seis euros, un robo. Lucía y yo compartimos una. Un tipo que está un poco más pallá que pacá se me acerca y me pregunta que por qué no hay nadie. Eso mismo me pregunto yo, con lo bien que me lo estoy pasando.

En el taxi hago anotaciones en un mensaje de móvil que no recuerdo ahora. El taxista me recomienda el pincho de tortilla del bar que tengo justo debajo de mi ventana. Las ruedas del coche suenan a rollo de película visto muchas veces. Pienso en borrador, hablo en primer experimento y actúo en formato publicable. Me pregunto si mi taxista será realmente este taxista.

Ya en casa oigo gritar a una mujer, acompañada por dos policías, en la calle. Grita "¿Y ahora qué?", mientras un tipo los observa vestido con el poncho más amplio que jamás he visto. Ahora qué. Pues ahora a dormir, que ya toca. Escribo perversiones con dedos de incógnito y paso de poner el despertador.

En un rato llamaré al terremoto vulnerable, a ver si la salida de ayer levantó finalmente su ánimo, y a ver cuándo nos devolvemos los modelitos.

Hoy es un buen día para hacer lo que se tercie.