La tarde ha sido movidita a pesar de la lluvia, todo el tiempo entraba gente y casi ninguno compraba nada. Casi vendo el cuerno de Armani de plata y ojo de tigre (o lo que yo creo que es ojo de tigre, aunque igual me lo he inventado). Cuando se han enterado bien del precio, hemos tenido que anular la venta. Putos cobardes. Un clon (si es que no era ella, mismamente) de Dakota Fanning estaba lloriqueando a su madre, gritando sin parar que nunca se hacía lo que ella quería, y mirándome de vez en cuando como insultada.

Viene Furia de visita y nos vamos los tres (Furia, Álvaro; mi compañero de batallas y relojes; y yo) a tomar una cerveza. Furioso me habla de cosas que comprendo perfectamente. Luego se emociona y salta de la grandiosidad de Bob Esponja a la inmensidad del océano de sus sentimientos. Cada día me cae mejor. Mañana igual hacemos una miniquedada refrescante (sin llegar a superar la anterior, porque mañana faltará la luz, ay, la luz), y nos vemos con la Honey, que viene japonesita perdida y tengo mil ganas de pegarle un achuchón.

Subiendo las escaleras del metro, delante de mí, había un tipo que olía a algo que me resultaba demasiado familiar. En pocos segundos he caído en lo que era. Usaba litros de una colonia que también usaba un novio que tuve en COU. El chico (mi ex, no el de las escaleras) perdió la ilusión por ducharse y dejó de hacerlo, para mi desgracia, aunque siempre llevaba esa colonia pestilente. Odio los perfumes. Luego un tipo normal me pregunta una calle y yo instintivamente le miro el paquete para más tarde sentirme estúpida. Porque que lo hayan hecho ya tres veces no significa necesariamente que todos los desconocidos vayan a masturbarse o enseñarme sus bondades cuando se cruzan conmigo. Pero no lo puedo evitar, cuando voy sola por la calle, por la noche, si se me acerca un tío yo espero ver un pene. Traumas que una tiene, y que no vienen al caso. Bueno, sí que vienen al caso, pero lo dejaremos estar.

Tomar casi un litro de sopa en la que hay muchos más fideos que caldo es malo. Sobre todo porque soy ansiosa, me quemo la lengua y ya no puedo obtener consuelo en ninguna de las cucharadas que siguen. Menos mal que ayer compré chocolate por deseo expreso de Mario y las onzas me suavizan el golpe.

Ahora me pongo música, me siento en la cama y me dispongo a recibir a la inspiración con los brazos abiertos y los dedos ágiles, a ver si consigo hacer una camiseta bien bonita para mi hermana. Que para eso es su cumpleaños.