Me ha levantado el despertador, esta vez. De repente suena el telefonillo. No puede ser la vieja de abajo para que meta el cubo de basura dentro, porque es domingo. No puede ser el cartero, porque es domingo. La curiosidad me puede, voy a contestar.

- ¿Sí?
- Hola, tengo una información que me gustaría compartir con usted y con sus vecinos. Ellos ya la han recibido y me gustaría que usted también lo vea.
- ¿Qué es?
- ...
- ¿Qué es?
- Es una revista y un cupón de invitación para una reunión que tendrá lugar allá donde nos reunimos.
- Errr... No, muchas gracias.

¿La secta definitiva? ¿Una tía que simplemente quiere molestar? ¿De verdad van a ir todos mis vecinos? Menudo planazo, reunirme y cogerme de las manos con una vieja que me grita y fríe mi telefonillo a timbrazos dos días a la semana; y con las seiscientas personas (en un piso de tres habitaciones más bien pequeñas) que tienen el gusto de compartir planta conmigo, de despertarme a deshora con música infernal, de no dejarme dormir por la noche, de dejar la escalera llena de basura. Claro que me apetece, por dios. Es el mejor plan que se pueda uno imaginar, para el domingo de resurrección.

Dice que tiene una información. Qué astuta. Sabe que me gusta la información. Pero yo ya sé que Cristo ha resucitado y toda la pesca, que estuve muchos años en un colegio de monjas y soy de Sevilla, joder, donde la Semana Santa casi rige el resto del año (junto con la Feria, claro, todo sea por no trabajar y cogerse una buena borrachera). Una reunión que tendrá lugar allá donde nos reunimos. Fascinante elección de palabras.

Así que no, muchas gracias, pero buen intento. Mejor me quedo en casa a ver si resucito yo también. Que buena falta me hace.

:)