El plan del sábado se reduce a dos. No nos hace falta más. Cenamos en un restaurante chino al que le tenemos cariño. Comemos demasiado, como siempre. No sé qué tienen los restaurantes chinos que siempre salgo rodando y con dolor de tripa. Intentamos no pedir lo de siempre y funciona, medianamente bien. Ku Bak tres delicias, tallarines (que son espaguetis) en bandeja quemada y entremeses variados. Los entremeses son bolsitas de colores claros, rellenas de carne, pescado, verduras o todo a la vez; sobre una base de hojas de lechuga mojada. Abro las bolsitas por la mitad y empapo su relleno con salsa de soja. A él le duele el pie. A mí la espalda y la tripa. Vaya dos. Durante la cena, hablamos de todo en general, de unos y de otros, hasta que me cuenta algo nuevo.

- Ángela viene a Madrid en el puente.
- ¿Viene a conocerte o viene por más cosas? - pregunto después de haber dejado suspendido el tenedor.
- Viene a ver a un rollete que tiene aquí.
- Pero quedareis.
- Sí.
- ¿Te apetece?
- Claro.

Siento un pequeño ataque de celos que rebajo hábilmente con una empanadilla blanda de cangrejo y gambas, y con el último sorbo de vino. Le cuento cosas, como que le vi el culo a un turista que lo mostraba en todo su esplendor desde el balcón de un hotel que hay delante de la tienda. A la vuelta, tras encontrar aparcamiento al lado de mi casa, una conversación trascendente se disfraza de comentario sin importancia, como nos pasa siempre últimamente.

- ****pregunta censurada****
- Claro, ahora nos vamos a Ciudad Universitaria, no te jode.
- ¿No lo echas de menos?
- No echo de menos el hecho en sí, pero sí que echo de menos lo que éramos.
- ¿Y qué éramos?
- Pues era el principio, éramos otros, todo resultaba emocionante - le explico bajando del coche.
- ¿Crees que lo hemos perdido todo? - le pregunto con un punto de tristeza, mirando al suelo.
- Hombre, todo no.
- ¿Y crees que es suficiente, lo que queda?

No contesta. Nos miramos. Sonreímos. Llegamos a la tienda de los chinos, a comprar unas cocacolas y una tableta de chocolate. Paula tiene visita, y aunque ofrece meterse en su habitación para dejarnos el salón libre y que podamos ver una peli, nos quedamos en mi cuarto. Enciendo el ordenador y me dice que ponga la música que me gusta a mí. La que muchas veces rechaza por sistema. La oye con interés. Nos quedamos medio dormidos (no sé él, yo caí como un tronco) oyendo a Charlotte Gainsbourg. Luego pasamos a Archer Prewitt y más tarde al disco en solitario de Jarvis Cocker. Discutimos sobre música. Resolvemos dudas en internet. Intercambiamos mimos y nos quedamos en silencio. A las dos de la mañana, dos capítulos de Scrubs, y luego, mi pregunta más repetida.

- ¿Dormimos?

Él se va a su casa y yo me quedo hecha un ovillo. No pienso en nada, no valoro nada, no me planteo nada. Estamos bien. Le quiero. Duermo profundamente y por la mañana me hago la remolona. Empieza mi domingo. El mejor día de la semana.