Me dan una buena noticia. Un notición ajeno. Me salta el alma, de alegría. Es genial cuando a alguien a quien quieres mucho, pero mucho, mucho, le pasa algo grande, algo bueno. Estoy feliz. Y necesito encontrar un profesor de bajo. No es para mí.

Mañana me voy. La hija de mi casera llama para concertar una cita. Bueno, para decirme que me llama el lunes. Le digo a Paula que me tiene que dar su nómina, para firmar el contrato. Nos hacemos un lío. Que la imprime, que la manda, que la trae. La casera madre aún no ha dado el sí, quiero. Hablo con Paula por messenger, se ha encontrado con la vecina de abajo esta mañana.

- Nuestra vecina está como una cabra, me da miedo.
- ¿Por? Ahora me llamará para meter el cubo, como de costumbre.
- Pues esta mañana cuando salí, me la encuentro en su puerta con el puto papelito en la mano.
- Hostia.
- Y le digo: hasta luego. Y ella: "eeehhh... ¿Está María en casa? el cubo..." No le dejé acabar y me piré.
- La pobre.
- Y la oigo que dice: "voy a poneros el papelito..."
- Jajajajajajajaaa... ¿pero lo has metido?
- Yo le dije que sí que estabas. Claro que lo he metido.
- Gracias guapi.
- Es una pesada, tía, está enferma.
- A mí me da pena.
- Pero es que ya está en plan pesado... ¿no has visto que deja un papel todos los días en la puerta ?
- Ya, pero me da pena, es que no tiene otra cosa que hacer ni en la que pensar, Pau...
- ¡Pues que nos meta el cubo! Es que me molesta tener que meterlo justo a la hora que ella quiere ¡Que eran las 8 de la mañana!
- Ella quiere que lo metamos temprano por la mañana porque es como su hijo, Paula, a mí me da mucha pena.

Tengo cosas apuntadas. Pero siempre son las mismas. A veces pienso que siempre escribo lo mismo, una y otra vez, algo como esto: "he visto un perro, me da la sensación de que me quiere decir algo, compro jamón de york, en el metro un tipo hace no sé qué y yo camino oyendo no sé cuánto...". Así que de momento me reservo. Que hay días en los que me aburro de mis propias sensaciones. Lo que sí me gustaría decir que el cartel que cuelga en un lateral de la Fnac, con la foto de Miguel Bosé, me habla durante los cinco minutos en los que me siento en un escalón antes de entrar a la tienda. Ayer me decía ¿es que ya lo estás volviendo a hacer? Ay, Miguel, tú no me entiendes... Además ¿qué coño es eso de llamar al disco "Papito"?

Me voy mañana. Tengo unas ganas locas de ver a mis padres, a mi hermana, a mi cuñado, a mis perras. Y a todo el que se tercie. A ver si puede darme un poco el sol, en los días que salga el hijoputa, que mi piel está adquiriendo un tono amarillento que no me gusta nada. Me llevo los jerseys gordos de lana, lo que pueda del invierno, y me traigo mi ropa fresquita, el sol, el verano. Preparo con todo el amor del mundo una caja de cartón. Me voy mañana.