Pues no fui a la Feria y no voy a ir. Mañana me pongo el traje para estar en casa. Anoche estuve con mi hermana. Vimos de nuevo aquella misma película y recordamos lo cursis que éramos de niñas. Muerte a Tom Cruise. Camisetas de regalo. La música de Julio. Y la mía. Dormir profundamente. Sobra el edredón. Pijama repetido. Café y tostadas especiales. Se van a Vejer y no llevan cámara de fotos.

Me cuentan de Antonio el Colita, alias Clint Eastwood; de sus aventuras con los espárragos, el romero, la traviesa vieja del tren, la que quiere Josip para hacer un banco en la puerta del bar en Vejer. Debería escribir sobre Clint, pero tengo que documentarme más. No tiene desperdicio. Escucho atentamente la trágica historia de mi padre y el carpintero. Me duele la tripa de reírme, he llorado y todo, y la mandíbula desencajada ya para todo el puente.

La perra pequeña sigue tan loca. La perra vieja se queda mirando al infinito, está sorda y medio ciega, se mea y se caga donde quiere, porque puede. Cervezas y porros Cerezas y gorros. Arroz refrito con restos, los secretos de mi madre, jugar al escondite, hablar de balcón a balcón, las nuevas vistas de mi casa, la ropa de verano, el realismo, la utopía, la pereza.

- Yo esto no me lo voy a volver a poner más, no me gusta.
- Que sí, que yo te lo guardo, pero esta camiseta para trapos.
- Pero mamá, si es mi favorita, ¿no es preciosa?
- No, es un trapo, María.
- Ya no voy a volver a la talla 38.
- Hombre, Mery, tienes que adelgazar de aquí al verano, para rebajar esto de aquí.

Y ahora me quedo un rato mirando desde aquí cómo ella duerme en el sofá, con esos cojines suaves, al son del ping-pong de las pelotas de tenis y los gemidos ridículos del partido en la primera cadena.

Mañana me voy a la Redondita, hasta el miércoles o así. Al final sí que tomaré el sol, igual incluso me quemo un poco. Yo venía con una sensación de desapego vital, en el tren, como de no corresponder con lo que toca, de cierto abandono, por así llamarlo, de algunos aspectos de mi vida que titubean. Nada grave, seguramente todo se deba a la regla que está por venir. Pero el caso es que llego, estoy dos minutos con mis padres y/o con mi hermana, y se me acaban las tonterías. Debería poder llevármelos en frasquitos en miniatura, de pequeñas dosis. Como mis lentillas desechables, un mes y a la basura. Aunque sin desecharles, claro. Ponérmelos sobre las retinas o abrir el tapón allí, en el caos que a veces me ahoga, respirar profundamente y que todo vuelva a tener sentido. Así de fácil.

Y ahora, sin repasar ni nada, le doy a publicar, retando a la conexión a internet, que se la ve debilucha, me fumo un cigarrito en el balcón viendo mi antigua habitación en mi antiguo piso desde donde estoy, me voy a la ducha y a lo que surja. Que para eso estoy de vacaciones.