Me gusta mi barrio, en Sevilla. Me gustan sus calles, sus edificios, algunos reformados y otros que se caen a pedazos. Me gustan cuatro o cinco calles que se cruzan en un punto, donde siempre hay tráfico de personas y algunos coches. Ando calle arriba y calle abajo y voy mirando las ventanas. Podría vivir en todas ellas.

Posibles

Me gusta la calle Arfe, con los pequeños comercios y las tabernas de toda la vida. Me gusta, la que más, la calle Adriano, con el río al fondo, y esos árboles llenos de hojas verdes como puestas por encargo. Creo que son álamos. Muchos álamos.

Arfe, Castelar, Antonia Díaz, García de Vinuesa, Harinas

Adriano

Me gustan las puertas, enormes, de madera vieja, con grandes pestillos y cerrojos imposibles. Me gusta la calle Harinas, con su tienda de tés que pensé que no duraría ni un mes y ahí sigue. Me gusta que en la puerta de hierro azul de un taller se especifique con trazos de tiza que se puede llamar a Carlos padre y a Carlos hijo.

Love ok!

Carlos hijo y Carlos padre

Me gusta García de Vinuesa, con hoteles de grandes letras y pequeñas habitaciones. Me gusta porque va de mi casa a la catedral, en dos minutos. Me gusta porque mientras le hacía una foto a una fachada he oído por detrás ¿Te conozco o no te conozco?, y era mi abuela, que se iba al cine al Nervión Plaza, andando, y he terminado la calle cogida de su brazo.

Hotel Simon

Me gusta porque tiene adoquines, esquinas cada dos metros, pájaros en las cornisas, vida en todos los puntos, pintadas en las paredes de las que no molestan. Y alguna bicicleta amarilla, de las que me ponen contenta.

Gato negro

Una bici en el boheme

Si me vuelvo a Sevilla (y no son pocas las veces que lo pienso), me gustaría seguir viviendo aquí toda mi vida. Yo no soy tonta.

bso del post: Ángela, del Sr. Chinarro, porque habla de mi barrio, de escaqueo.