Salgo de casa, y eso ya es raro en mí, siendo domingo. Me bajo del metro en sol y camino por la calle Arenal. Todo está lleno de gente al sol, de gente a la sombra, muchas madres con ramos de flores. Llamo a la mía y se ríe de mí. Lo miro todo. Dos tíos bailan tango juntos, con camisetas de panadero italiano y sombreros elegantes. Una pareja monta un miniteatro para marionetas. Sigo adelante. En Ópera un vendedor de flores anuncia su autoservicio, sus gangas, sus ramos de rosas. Me siento en la puerta del Teatro Real. Muerdo una manzana roja. En ese momento la manzana es perfecta, es la acción idónea, la pieza que encaja. Es ácida y dulce al mismo tiempo y hace música con mis dientes. Se me acerca un polaco de los que hacen algo parecido a música en el metro. Lleva un carrito de esos que reproducen canciones con regustillo verbenero. Estos tipos suelen ir con una chica de su mismo país, o país vecino, que canta por encima de los sonidos del carrito electrónico. Se me acerca, digo, y me dice algo que no entiendo. Cuando entiendes que no entiendo me pregunta si no hablo polaco. Le digo que no. Se va, decepcionado. Creo que me ha confundido con su pareja artísitca para esta tarde. Igual no se conocían en persona y ella le dijo que estaría en la puerta del teatro comiendo una manzana. Me planteo si tengo cara de polaca.
Estoy a la sombra. Miro la plaza. La parte que recibe sol es un imán. Quiero tirarme en el suelo. Llenarme de sol. Mario llega tarde pero no importa. Cuando aparece le veo guapo. Nos vamos paseando hacia los Jardines de Sabatini. Cogemos un buen sitio. Nos tumbamos. Tengo el sol de frente y él me mira cerca. Puede ver todos mis defectos perfectamente iluminados. Dice que no me preocupe, que él ya conoce mis defectos. Hacemos experimentos musicales. Yo le pongo canciones escogidas de Mr Calamar y él hace lo mismo con el suyo. Le gusta lo que oye. Le selecciono canciones que van a sonar en mi celebración de cumpleaños. Me pone canciones que van a sonar en su proyecto película/serie de televisión. En los últimos minutos me pone a Slayer. Dentro de poco hay un concierto, le digo que le acompaño y me dice que no sobreviviría. Oigo una percusión tan acojonante que me tiembla el corazón, pero después de un rato entiendo que tiene razón. Tendrá que buscarse otro acompañante. Yo quiero ir al Summercase, lo repito unas seiscientas veces a lo largo de la tarde.
En el estanque (o fuente o piscina, qué sé yo, yo sólo sé que es agua) aterriza un pato. Nos quedamos como tontos observando lo que hace. Nada dando un par de vueltas, examinando la zona. Nos despistamos y cuando volvemos a mirar se ha ido. Al rato vuelve, con un amigo (o amiga). Por lo visto también hay patos exploradores, como las hormigas que más temo. El segundo pato se dedica a hacer el pino. Está más tiempo con la cabeza dentro del agua que nadando con su amigo. Éste parece que está hasta los cojones. El otro mira y busca con tanta insistencia bajo el agua que debe ser que ha perdido una lentilla. Y así estamos, mucho rato, mirando a dos patos nadar, con sus pequeñas patas naranjas, muy naranjas. Compartimos una manzana verde, aunque no es muy verde.
Luego compramos un helado y nos sentamos a comérnoslo en la Plaza de Oriente. Hay un grupo cristiano de chicas vestidas con chándal rosa que bailan y predican no sé qué vainas. Nadie les presta atención, aunque sus voces llenan toda la plaza. Hablan de que Jesús colgó mis defectos y mis pecados en su cruz. Qué apañao, pienso. El helado de Strawberry Cheescake de Häagen-Dazs es quizás el mayor placer del mundo. Lo combino con Cookies and Cream, todo en un cucurucho. Planazo.
Luego seguimos andando. Es bonito andar este domingo, caminarlo entero, buscando el sol, que se está yendo. Entramos en la Fnac y (¡uuuuuuy! - léase como cuando casi meten gol) casi me compro una cámara. Decido que sí. Pero la compro el miércoles, que tengo descuento. Aunque de aquí al miércoles es probable que me raje. Yo soy así. Mario insiste en que lo haga. Dice que eso me haría feliz. Tiene razón. Hago cuentas mentales cada vez que se hace un silencio. Mario tiene antojo de hamburguesa y vamos a por una. Yo me pido una ensalada para compensar el helado, pero me como gran parte del plato de patatas fritas. No tengo remedio. Mamá, te juro que hoy me pongo a régimen.
Paseo de nuevo, esta vez hacia el coche. El parque del Templo de Debod me da miedo, tan oscuro. Volvemos a hablar de Spiderman 3, negando y renegando. Me lleva a casa. Sube porque quiero enseñarle un vídeo de Jarvis que vi ayer y me encantó. Le digo que tenga cuidadito con el coche, como siempre. Y después de un rato de ordenador, me llevo a Murakami y sus carneros a la cama. Creo que mi osito de peluche me mira desde la cómoda. Siempre me mira, pero anoche miraba intenso, casi hablándome.
Esta mañana, sigue radiante el sol.
Así da gusto empezar la semana.

7 may 2007 | 11:44 AM
Qué planazo de día!
Besotes guapa.
7 may 2007 | 12:05 PM
Si es que hay que salir a la calle los domingos!
7 may 2007 | 12:10 PM
Esos domingos son los que hacen que te plantees por qué hay domingos que eres capaz de pasarlos integramente vegetando...
y compraté esa cámara.... claro que si!
7 may 2007 | 12:11 PM
Yupiiii, un voto a favor de la cámara!
:P
7 may 2007 | 12:12 PM
no era un voto...
era una orden
:p
7 may 2007 | 12:13 PM
A la orden!
7 may 2007 | 01:35 PM
Yo me pasé ayer la mañana en un Cuentacuentos con mi chiqui...
Tienes todita la razón..!!Hay que salir los domingos!!!
Apunta otro voto por la cámara
Besos desde Granada
Alberto
7 may 2007 | 01:39 PM
Voto contabilizado.
:)
7 may 2007 | 05:07 PM
¿Que tienes cara de titiritera polaca? Vaya!!
Eso, hasta que no lo vea en fotos tuyas, no me lo creo. Ah, que no tienes cámara...
Pues cómprate una... (de qué marca?) :P
Post chachi! (me gusta decir chachi)
7 may 2007 | 11:32 PM
Yo soy la chachi! es un mote (horripilante pero que se le coge cariño) que me pusieron en la facultad, una larga historia... y no, no me veo yo muy polaca, no. La cámara que me quiero pillar es una nikon monísima, de 7 megapinreles.
:)