Día uno:

- La tabla caligráfica de las dés.
- El japonés (muy japonés) que se interesa por cómo va el partido y luego grita ¡no me jodas! .
- El poema.
- Mis debilidades.
- El amago de carne a la brasa que acabó en raviolis al pesto.

Día dos:

- La calle de la bola, la calle fomento, las calles en las que quiero vivir.
- El botellón, el polaco curioso, el taxi para Alcorcón (algo habrá en Alcorcón).
- El viejo en pijama de hobbit que me enseña el cuarto de contadores a la 1 de la madrugada.

Día tres:

- Escuchaaaaad mañana empieza hoy alcemos nuestras voces hablan de libertaaaad inicia el camino yaaaa (megáfono en furgoneta política).
- Los malabares okupas con caras pintadas de colores que me gritan señora pásese por el comedor dentro de hora y media, ahí arriba, en Bernardino Obregón desde la calle. Lo de señora será porque llevaba gafas.

Día cuatro:

- Ni puñetera idea.

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Y lo dejo aquí, por dejarlo en algún lado.
Porque estoy harta de los borradores.
Porque yo lo valgo.