Me he dado una sesión de rayos uva. Nunca he sido muy partidaria, pero era gratis y nunca está de más ponerse morenita. La respuesta (a esa pregunta que todos teneis en la cabeza) es no, no estoy negra. Algo se me ha pegado, pero con una sesión no se convierte una en africana, por lo visto. Me he dado la sesión en una de esas cabinas de pie. Creo que han sido cinco minutos, pero me han parecido horas.

Entro, con unas pegatinas absurdas en forma de conos dorados en los ojos y embadurnada en una crema potenciadora de la hostia, en pelota picada. Me hago un moño imposible, despejando mi frente, dejando toda mi cara al descubierto. Aquello se enciende. Abro un poco los ojos y a través de las pegatinas unioculares se ve todo verde. Y hace mucho calor. Y me siento gorda y blanca como una ballena albina. Y me rayo mucho pensando en si mis brazos dejarán marcas a los lados de mi cuerpo al dejarlos colgando. Entonces adopto una postura completamente ridícula, como si fuera montada en moto haciendo el cabra. Nada de esto tiene sentido.

Temo por mis ojos, es mi primera vez, esto parece potente y del sudor siento que las pegatinas se deshacen y pienso oh dios mío mis ojos, qué hago yo sin poder ver, me muero, mis ojos son de lo mejorcito que tengo... Pero afortunadamente, ahora que los miro (los miro desde dentro y los veo, es decir, que veo) siguen donde estaban y conservan sus cualidades. Qué alivio.

No soy Naomi Campbell (digo por la pigmentación, en lo demás somos clavadas, claro) pero algo de color sí que he cogido. Ahora espero no levantarme mañana llena de llagas por todo el cuerpo. Y aunque haya sufrido pensando que la situación se parecía demasiado a lo que tengo yo por una abducción extraterrestre, tengo dos tickets para dos sesiones más y acabaré dándomelas, otro día.

Es gratis y yo (a veces) soy un borrego.
Pero un borrego morenito y feliz.
:)