Ayer justo antes de cerrar la tienda aparecieron Nick Furia y Miss Churchill, con un muffin de cumpleaños. Era un muffin enorme. Todo negro, chocolate por todos los ángulos. La vela clavada y convenientemente soplada era del número cero. El deseo, el mismo que pedí por la mañana. No puedo pedir otra cosa.

Cero. Porque no tengo nada y lo tengo todo por delante. Cero porque empiezo. Cero porque tengo todo a mi favor para crecer y construir. Cero. Nunca un conjunto vacío, un agujero, un inicio silencioso, me habían cuadrado tanto.

Pues eso. Que parto de cero y de millones de cosas, al mismo tiempo. Y la felicidad más tonta sigue apoderándose de mi cara, de mis gestos, trasnformándome en un ser hiperactivo, que da pequeños saltitos esperando a que el semáforo se ponga en verde y que tamborilea con los dedos en cualquier superficie. Esto acaba de empezar.

Gracias.