Pues parecía que iba a salir el sol pero vuelvo a ver a gente con paraguas desde mi ventana. Y vuelve a subir el nivel de agua en mi estómago. Glup. Por más que como no empapa, no absorbe, este vacío extraño, de todo menos intermitente, profundo, como el agujero que tengo en la pierna, una carnicería. Un asco de cuerpo, el mío, que funciona a pasos cortos, que se atraganta con poco, que no avanza ni se mueve por más que lo intento.

Y mi ordenador derrapa, en serio, emite un sonido extraño, como un chirrido, por los altavoces, y entonces me dedico a recorrer todos los programas y medios de comunicación abiertos, silenciando todos los avisos, pero ahí sigue, chillando, me avisa, me incordia, no entiendo el mensaje. Creo que mi ordenador está poseído. Lo bueno (y es muy bueno, ojo) es que anoche pude ver a gente feliz como ésta:

Gonci y Jaime
Gonzalo y Jaime, voces con alma de fruto seco.

Después de un día de estreno memorable, de mirar muchas veces una entrada de cine que tiene un título amigo, una entrada de cine merecida; hago fotos a frutos secos, como está mandado. Y aquí están.

Mario y César
Réplicas exactas de Mario y César.

Malos, malísimos
Cómo molan los malos.

El dibujante
El dibujante acongojado, con su maleta.

Marita y el dibujante
El prota (y su fantástico pijama y gorrito con borla) posando junto a una caducada mental.

Escena
Una escena tierna y familiar. Sí, están viendo un pitufo-maní manejar una cámara.

Los que no hayais podido ir, no sé a qué estáis esperando. Los que no vivan ni en Madrid ni en Barcelona, podéis descargárosla por un módico precio, en la página oficial, aunque no sé si aún está disponible. Pero es una gustazo ver a la gente feliz, y anoche había muchas sonrisas, mucho entusiasmo, mucho nudo de estómago, aplausos, abrazos, bromas. Desde aquí mi más sincera enhorabuena y mi más sincero condoscojones, para todo el equipo.

Ole.