Arriba, abajo. Al bajar, un incómodo agujero. Al subir, la maldita sensación efímera. Y la soledad, que cura y escuece. Llenar cajas. Vaciar depósitos. Hablar demasiado, callar prudente. Dibujar un mapa, llenarlo de estrellitas de colores, flechas rojas, puntos importantes. Volver a encender el radiador, tiritar a ratos, esconderme.

Margaritas. Me quiere, no me quiere. Café. Palabras. Infusiones calmantes. Tomármelo deportivamente, desentrelazarme, intentar no ser tan adhesiva, tan hecha del velcro. Jugar a que conozco mis posibilidades. Romper el hielo. Mirar a los ojos. Mirar al suelo. Escribir sobre un árbol. Dibujar lo de dentro.

Atesorar, como un bichito, cada muestra. Y sentarme, con una cesta a medio llenar, bajo la sombra de algún gigante, a esperar la vida, como agua de mayo. Apurando motores, quemando embragues, desgastando ruedas.