Llego. Dolor indescriptible-ble. Después de haber estado varios minutos intentando relajarme, con mi compañero de la tienda repitiéndome como si fuera un mantra "eres un culo de botella, eres un culo de botella" y zarandeándome desde los hombros, decido que no es que lo necesite, sino que es vital que vaya a un fisioterapeuta. Que me va a dar algo, y sólo es miércoles. Me recomiendan uno cerca de casa. Llamo. Oh, vaya, sábados y domingos cerrado. Oh, vaya, yo curro excepto sábados por la mañana y domingos. Me apunta en el recuadrito del viernes, de dos a tres de la tarde, en mi descanso de comer, en el único momento que puedo. "¿Es tu primera vez?" Sí, tengan cuidado conmigo, trátenme con amor, por favor. Pido permiso a parte integrante de Loser Films para salir antes de la oficina ese día. Permiso concedido con un poco entusiasta "sssupongo", pero me vale. Me he tirado cinco minutos tumbada en el suelo del baño de la tienda, suspirando (que dicen que quita todos los males, eso de suspirar mucho). Tengo fotos que lo demuestran. Estoy enferma (por lo de hacer fotos tumbada en el suelo, entre otras cosas). Hasta el viernes que llegará mi masaje (que va a doler, joder si va a doler), me dispongo a seguir aguantando el tirón. Doble de tila y una de menta poleo, todo junto, dos valerianas, un iboprufeno. Arcilla verde para el señor grano (podría cobrar entrada por verlo, es fascinante, pero me da pereza). Restos de pasta, ahora con atún y huevo. Quiero volver a ser la de antes.