Y al pasar por aquí, como todos los días, en mi cabeza se dibuja una escena. No lo puedo evitar. Es un chiste muy fácil, lo sé.

Ponme una cerveza y llámame tonto

—Hola, he visto el cartel, venía a por un rollo.
—¿Accidente, casualidad, destino...?
—No sabía que hubiera tantas opciones.
—También tenemos un pack de oferta.
—¿En qué consiste?
—Pues por el precio de uno te llevas dos: uno casual y efímero, y otro que se te complica y acabas sufriendo.
—No me lo estás vendiendo nada bien.
—¡Es la oferta del mes!
—Pero yo no quiero sufrir, joder.
—Entonces, ¿qué te pongo?
—No estoy seguro.
—También hay una caja sorpresa. Cuando la abras será todo nuevo y lo tendrás que ir descubriendo tú.
—Como los muebles de Ikea.
—Más o menos. Aunque sin instrucciones.
—Pero, ¿voy a sufrir?
—Siempre se sufre, pero no tienes que echarte atrás por eso, no seas moñas.
—Bueno, pues que sea uno de ésos, joder, de esos sorpresa.
—Así me gusta, valiente.