Pues me había vestido de verde esta mañana para demostrar que puedo cambiar de color, y a la vuelta, después de un revuelto de jamón y parmesano (para chillarle estaba) acabo fumando del mismo color, en una pipa híbrida, mitad todo, que me regaló mi croata favorito. Y tengo unos filtros dorados, redonditos, pequeños, que he usado hoy por primera vez y que son como lentejuelas de peces. Pero no me hagais caso. Con la ventana abierta y la temperatura perfecta, estoy.

La espalda sigue doliendo, estoy sola en casa y hablo en voz alta mientras oigo toda la discografía de Wilco. Y hago de nuevo otro dibujo de mi novela, en otro papelito cuadrado y blanco de la tienda. No vamos a ganar a tacos de papel. Pero no lo puedo evitar. He dibujado tres personajes y dos lugares de mi novelita. Más mona ella, que respira sola y me dice hoy que no quiere escribirse, que me tome un día sin hacerle caso y yo nada, erre que erre, retocando aquí y dibujando allá.

Y el papel del último dibujo es amarillento al ojo de la cámara, porque en esa escena hace un calor que te mueres. Y la protagonista está triste. Pero le hago cosquillas y se le quitan las tonterías. Que para eso me siguen quedando ganas, siempre. Y entre unas cosas y otras (la pipa, la novela, el calor del papel, el croata en mi cabeza), acabo sintiéndome tan bien como allí, y respiro Vejer, y sienta de puta madre, estar en sintonía, aunque sepas que es por la puta pipa, pero no importa, porque respiro, respiro bien hondo y con los pulgares hacia arriba. Y lo suelto todo, por fin, sin coger aire ni un segundo.

Pero ¿qué estoy haciendo aquí?

Pues qué bien. Claro que sí.

:)