Al salir hacia el banco, para ingresar el alquiler y sufrir mi minuto mensual de pánico, cruzando la calle con casi 700 euros en un sobre de papel, veo una maleta gris, de tela, de las que tienen forma de maletín, grande, de las que ya no se llevan, abierta de par en par, exponiendo al sol un hueco rectangular perfecto, el vacío, la carencia, un agujero que llenar de cosas, junto a la puerta roja de la perfumería-droguería abandonada que hay en mi edificio. Pienso en foto y me digo que luego subo a por la cámara y bajo a cazarla y cebarme un rato con la estampa. Pero al volver el banco la maleta ya no está. Se fue la foto, alguien cerró la maleta y se fue la foto, dentro, en un doble fondo.