Lucía salió anoche y tiene resaca. "Estoy acabada", dice. Guarda silencio, bebe un sorbo grande de té verde y suspira. Le hago fotos sentada en el taburete. Está terminantemente prohibido sentarse en el taburete, o beber té, o comer tarta de limón (que es lo que me ha traído ella hoy de merienda).

- Debería haber un término acuñado para decir lo contrario.
- Lo contrario a qué.
- A "estoy acabada". Debería poder decir también "estoy empezada".
- Claro, cuando estés contenta, fresca como una rosa, con ganas, algo así.
- Es que no hay ninguna expresión parecida a la de acabada.
- Pues no, no hay una que explique lo contrario.
- Pues hala, ya la hay.

Y decidimos acuñarlo. Estamos empezadas, ella y yo. Me dice que quiere cambiar el rollo y dejar de decir que está acabada, que eso sí que se acabó. Y se queda tan ancha. Tan empezada.