Me he tirado toda la mañana (y sigo) colgando fotos en flickr. La carpetita de Lucía cada vez está más gorda y más guapa. Ayer hablamos de andar hasta que llega la calma, de que las cosas son así, de que no está mal tener miedo a veces, de los pensamientos malos y las hormigas, de que todos tenemos hormigas, incluso ella. Le hice un dibujito de ella sentada en el taburete, con un interrogante por cabeza. Porque está en ascuas. Porque se siente frágil, insegura. Porque la entiendo tremendamente bien.

Haciendo amigos

Y aunque algunas tardes se convierten en viajes introspectivos de los que te lo ponen todo feo, luego salimos a la superficie, andamos cuesta abajo (y no cuesta), evitamos escaleras (que sí cuestan), nos elevamos en las mecánicas, le hago fotos como si fuera una famosa en la alfombra amarilla, sudamos, nos quejamos del calor, de que estamos pegajosas. Nos despedimos en Plaza de España y nos vamos cada una por nuestro lado. A resolver incógnitas, o al menos, a intentarlo.