Tengo un frío raro pegado a las piernas. Me pasa a veces. Es como si estuviera bajo la piel. Y se mueve por mis muslos como si fuera aceite en una sartén. Cae y asciende. Frío. Y se frota con todo sin tocarse, como si formara una película sobre mi cuerpo, electricidad estática, como imanes, una sensación rarísima. Dentro del edredón, no peso, sólo soy frío reconcentrado, que en mitad de la noche se destapa porque tiene calor. El frío también suda. Cuando estoy así apenas puedo dormir. Lo hago a ratos y suele pasar que sueño la misma cosa una y otra vez, cambiando matices.

Frío

Esta vez era alguien hablando conmigo. Cada vez que me volvía a dormir me decía cosas diferentes. Yo las leía, las palabras, devoraba los mensajes. La mayoría eran alentadores y conseguían que me calmara. Me he vuelto a despertar mucho antes que la alarma del móvil. No he sido capaz de levantarme de la cama, pero tampoco me he vuelto a dormir. Me he quedado mirando cómo el sol formaba sombras en el suelo de mi habitación. Ya no sé si estaba tapada todo el tiempo con el edredón o si me he quitado hasta el pijama. A veces pierdo la noción de mí misma, y no me veo. Sigo teniendo frío. Soy frío y me molesto.