El bochornazo. Siempre llego sudando a casa. Se acabó. Voy a darle la bienvenida al calor. Monto en cuatro o cinco sencillos pasos mi ventilador. Eso sí, acabo sudando como un pollo. Gran regalo de mi hermana en un cumpleaños cuando me mudé a Madrid, el ventilador, no el pollo. Mi hermana sí que sabe. Ahora el calor no es tal. Mi pelo revolotea como si estuviera con la ventanilla del coche bajada. El humo del tabaco se va rápido por el balcón. Me voy a hacer una ensalada, me la voy a comer en diez minutos (no porque tenga prisa, que siempre la tengo, sino porque no sé comer despacio) y me voy a poner a escribir. Con miles de rayas, las acotaciones justas y cero descripciones. Vamos a ponerles a hablar. Que tienen ganas y la nevera llena.