Llegar, bajar del coche, andar cuatro pasos, quitarme los zapatos, que se me hundan los pies o lo que lleve encima, desnudarme casi entera, mirarlo, respirarlo, sumergirme, la cabeza vacía, el corazón tranquilo, el silencio, los vaivenes, la arena fina, la arena mojada, los castillos, tres o cuatro voces lejanas, sumergirme, desaparecer, cerrar los ojos y abrirlos al rato, comprenderlo todo de un soplo, con la marea, que se lo lleve, que lo distraiga. La magia, en las cosas más simples. Agua, sal, arena. Yo.