Me quedo en casa por la mañana. Estoy mala. Mi madre me llama, el grito en el cielo porque no la he llamado para contarle que estoy mala, que hay que ver, que qué me estoy tomando, que siempre me pasa igual antes de las vacaciones. Me vuelvo a la cama. Platos por fregar. Muchas cosas efervescentes, bebidas, con extraños sabores a supuestas naranjas. Mi madre me explica que cuando llegue el sábado, Uma ya no estará. Iba a ponerme a recopilar cosas para la maleta, pero me siento débil. Y cuando llegue el sábado, mi perra ya no estará. Mi madre me ha pedido que no llore, que si lloro, no puede. Los perros no deberían morirse nunca. Mierdadevida.