Cuadernos listos. Escritura. Para escribirme desde dentro y soltarlo fuera. Comprobar si es cierto. Sopesar de nuevo. Intentarlo. Conseguirlo. Y que sea lo que tenga que ser. Mucho que agradecer, muchísimo. Tanto que no me cabe en el pecho. Saldremos de ésta, airosos. Lo sé. Siempre lo hemos hecho.

Por mi parte, qué calor, y la maleta lista para cerrarse. Me voy a duchar, a dormirme un rato más, quizás. Lo más seguro es que no. Luego echaré mis cuatro horas en la tienda, con descanso para sandwich, y vuelta a casa, para volver a volver, a la otra casa, y luego a la verdadera, a mi cuna que no es tal, pero como si lo fuera. Al gazpacho, la siesta, la playa, los ojos bien abiertos, las orejas alerta, sabuesas, las palmas hacia arriba, siempre. Las palmas hacia arriba.

A descansar de mí. De todo. Y al mismo tiempo sumergirme, de lleno, hasta las trancas, en mí, en todo, en esto que empieza, en lo que continúa, en lo que se queda. Reuniendo fuerzas. Desde ya. Para lo que se avecina.