La maleta pesa el triple de lo que puede soportar mi cuerpo pero la subo como una jabata los dos pisos. El taxista es muy simpático, le dejo las vueltas. Espléndida yo. Que si traía cosas para la familia en la maleta, me dice al descargarla. Le digo que más bien al revés. Cosas de mi familia, para mí.

En el tren, una película italiana sobre los ciclos del amor. Decía cosas medianamente coherentes. Como que cuando uno se enamora, se trastorna. Y el enamorado puede ser despistado, ridículo e incluso peligroso. Pero que el amor es así. Y que el mal de amores es chungo. Eso también lo decía. Además de todo, era muy divertida. Y dulce, cuando hablaba de los ciclos felices. Pero me gustaría verla en italiano.

Enchufo el ventilador, me pongo un vaso grande de agua con hielo, me como un sandwich prestado (gracias Pau) y dejo la maleta sobre la cajonera de colores. Vuelta a empezar. Cosas que inventar, a muchos niveles. Fuerzas y energías renovables. Como las de los campos eólicos de Cádiz. Voy a ser valiente, me pongo mi capa y me dispongo a vivir lo que me toca.