El dragón, la nave espacial, las cosas a carboncillo, las piezas, boca arriba. Lo que cuelga, en esos marcos. Quiero hablar y al mismo tiempo callármelo todo. No sé sentir, ni pensar, ni hacer. Hace muchísimo calor aquí dentro. Pero en el fondo, estoy fría. En continua búsqueda de permeabilidad, en continuo síndrome postvacacional. Y con esta extraña e inconveniente soledad. No sé distraerme, ni abstraerme, ni tomar distancia porque estoy cerca. Muy cerca. Y tengo un cuaderno rojo (y otro plata), con puertas de tela, y un cordón que las cierra. Quiero llenarlo de palabras y regalarlo. Me viene de pronto el bajón, las paredes que encogen, el techo que se me viene encima, las posibilidades. Y yo tengo los brazos doloridos, de aplaudir, pero muchas ganas de perder los papeles, tirarlos por la ventana, para que vuelen donde yo no puedo volar. Me falla el viento. Estoy de cuerpo presente. No me permito descansar. Y se me va la vida, comiéndome las uñas. Igual es porque hoy no he oído música en todo el día.