Lo peor de todo es que me lo he buscado yo misma y que ya me había pasado antes. He intentado pincharlo pero es pronto. Lo he metido en agua hirviendo con sal y no funciona. He ido a la farmacia, me han dado una pomada y me han dicho que si empeora patatín y patatán. Esto me pasa por idiota. Mi mano parece la de ET. Aichs. Ayer fue un buen día. A pesar de tener que currar. A pesar de la amenaza de bomba en la calle de la tienda, por mochila sospechosa, que hasta vino la poli a cerrar las tiendas. Y allí estábamos mi compañero y yo, encerrados en el baño, pensando que igual era nuestro último suspiro. Pero pasó, media horita después más o menos, vino el policía de la barba de chivo y la cara de infiltrado y nos dijo que parriba la reja. Por la noche, fiesta de fin de rodaje (e inicio de mi labor: la edición) de la serie de Mario. Todos estaban contentos y a la vez melancólicos, y esa casa sigue siendo enorme y sigue dándome miedo, y se contaron historias de reírse, y unos hablaron más que otros, y se escuchó música variopinta, y los mojitos estaban en un bote de plástico de galletas saladas. Y jugamos a escondernos por la casa como si tuviéramos diez años. Y había nachos y quesos de untar y para qué quiero más. Y me sentí bien. Y el vestido era perfecto, ya ves, verde entero, con bailarinas fucsia y collar amarillo. Parece como de la Ruiz de la Prada, dicho así. Pero estaba guapa. Y les vi a todos. Y me gustó mucho estar allí, en calidad de lo que sea. Llegué a casa y caí como peso muerto.