A veces creo que me paso tres pueblos encontrando paralelismos y metáforas de cosas enormes en detalles idiotas. Excusas para escribir. Puntos de arranque. Y es que me estoy pelando viva, me despellejo. Al principio sólo eran los brazos, ahora la espalda, el escote, todo. Pequeñas virutas de piel por todas partes. Me la estoy dejando, por donde quiera que voy. Mudando vestiduras. Quedándome desnuda, al fin y al cabo. Expuesta. Lo que se va descubriendo bajo los restos es una piel más clara. Y lejos de fastidiarme lo de perder el moreno, me alivia ver lo que hay debajo, verme a mí, en momentos de lucidez desorbitada, de lucidez sensata, como lo que soy. Sin más. Esto pasa cuando estoy en mis días buenos. En los malos, cambiar de piel me da vértigo. Y todo esto me parece una enorme estupidez.