Creo que antes pasaba sólo los domingos. Aquello de la señora que llamaba a mi casa y preguntaba por Lila. La última vez me dijo que iba a borrar mi número. Me engañó. Hoy suena el teléfono al salir de la ducha. Oigo su voz temblorosa, de persona mayor. Lo mismo de siempre.

- ¿Lila?
- No, se ha vuelto a confundir señora.
- Pero igual tú me puedes ayudar, guapa.
- Ah.
- ¿Qué día es hoy? ¿a qué estamos?
- ¿Del mes? Hoy es 27.
- Es que hoy teníamos que ir al médico y se nos ha olvidado.
- Vaya.
- Pues muchas gracias, bonita, ahora nos tenemos que ir zumbando.
- De nada, a mandar.

Me imagino que a partir de ahora es posible que me llame para este tipo de consultas. Que si es miércoles, que si han dado buen tiempo para el fin de semana, que dónde puso las llaves, que si le toca revisión. Me pregunto si la tal Lila realmente existirá, o si cambió de número y era alguien como yo, que le sirvió de agenda durante un tiempo hasta que se cansó, o hasta que tuvo que irse.