Mi cuarto está recalentado. Quizá gasté energías, entre que dormía y no. El suelo arde, la cama quema, el ventilador sólo consigue marearme el aire, caliente, pesado, que no me deja respirar. Salgo al pasillo y siento el ambiente más fresco. Abro todas las ventanas que puedo. Quizás debería salir más de esta habitación. Darme una ducha, mojar sus paredes también, refrescarlo todo, y salir al salón.