Arrival
La niña me dice algo sobre que Granada es Matahari. Me abraza por lo bajo y me dice que me quede. Mierda, me quedaba. La miro cuando no habla (las menos veces) y pienso que es una leona, con su gran boca roja, invencible, claro, que parece pintada con uno de esos rotuladores de punta de pincel, acuarelables, con trazos límpios y elegantes. La miro y es una leona fiera, dormilona, llena, valiente. Hay que tener cuidado porque si te despistas se queda dormida en cualquier parte. Y se ríe cuando le riñes. Leona petarda. Leona gruñona. Me entran ganas de apretarle el brazo hasta que comprenda lo importante que es esto. Lo importante que es ella, y lo importante que es gritar, a veces, como ella siempre dice, a tomar por culo. O lo que me parece a mí, al menos, que es importante. Como también decir lo siento y dar las gracias. Como compartir tabaco tres días. Como escucharnos por turnos. Tenemos cosas que aprender, va a ser verdad. Como simplemente comprender que las cosas pasan.
Nada más sentarme en el tren, busco la postura y me duermo. O me quiero dormir. Oigo una canción que me apasiona y me temo que no voy a ver amanecer. En el tren me tengo que cambiar de ropa porque con los pantalones cortos me estoy helando. El viajero más cercano observa todos mis movimientos con curiosidad. Incluso me habla, pero comprende que lo que no puede ser, no puede ser. Que he dormido diez minutos, caballero. Y malduermo con el cuello en forma de zeta, compungida de frío y con Socorro gritando su nombre, despertando a Almudena, y repartiendo invitaciones a la fiesta, a mis espaldas. A medio camino me como un sandwich mixto por tres euros, al que le faltan pipas peladas, sin duda. Y así es como vuelvo.
Estoy aquí. Duermo una hora escasa ya en mi cama, y me doy cuenta de que inevitablemente vuelvo. Volver a más niveles. Porque he avanzado menos, quizá he retrocedido incluso, un poco, pero voy palante. La euforia es engañosa, pero no voy a permitir que juegue conmigo. Sé dónde estoy y que voy despacio. En la tienda rompo todas las reglas porque me importan un pito, ahora mismo. Me siento, pongo la radio, me conecto, escribo. No pienso hacer nada. Soy un zombie. Un zombie contento por muchas cosas, claro, pero un zombie a fin de cuentas, que teme quedarse dormido sobre el mostrador mientran le desvalijan la tienda.

18 ago 2007 | 05:41 PM
Claro, me faltaba este post...
18 ago 2007 | 05:42 PM
:P
18 ago 2007 | 07:21 PM
Oye, y el rediseño del blog, ¿para cuándo? Me suena que ya lo teníais casi listo, ¿no? ¿O no eras tú?
18 ago 2007 | 07:23 PM
Yo quería cambiar algo, pero no hubo nunca un proyecto en firme, me parece. Tampoco me incordia demasiado si te digo.
¿Te ofreces voluntario?
;P
18 ago 2007 | 07:26 PM
Si yo no soy diseñador! Aunque empezaría aumentando la letra de tamaño, eso sí.
18 ago 2007 | 07:28 PM
A mí me gusta la letra, fitetú.
18 ago 2007 | 11:30 PM
Los zombies son gente feliz... Te lo digo yo, que sé de lo que habló.
19 ago 2007 | 11:29 AM
No, si ya, pero mi aspecto era lamentable, hoy ya he dormido, ahora es lamentable todavía, pero al menos tengo los ojos abiertos!