Ésta es la canción que he oído al inciar el viaje de vuelta, la que me ha hecho cerrar los ojos y sentir, la que me ha acompañado mientras me dormía, sin dejar de susurrarme y acunarme. Es perfecta. Tristísima, pero perfecta. Para oírla volviendo en un tren, de noche, y al despertar, cuando ya ha acabado, que haya nacido el día.

Mientras iba de tu mano hacia la montaña,
unos días eran fuego y otros eran llamas.
Dentro del espejo donde no me reflejaba,
la promesa que en la cima nos aguardaba.
Pero una vez allí las nubes no nos dejaban ver el suelo
y una sensación que tuve fue miedo.
El camino de bajada era mas estrecho,
se podría decir una bajada a los infiernos.
Te pedí que me guiaras cuando estaba ciego,
la montaña fue quien respondió con eco,
un eco que reproducía exactamente mis lamentos,
los sueños que una vez tenía y ya no tengo.
Un camino de torturas y de sufrimiento
que me ha traído donde ahora sigo muerto,
rezando para que alguien me levante del suelo,
donde estoy abandonado.
Asi que te pedí lo menos y no quisiste darme nada
y ahora que ya no te quiero,
me llamas.

La hostia, coño, qué bonita, me pone los pelos de punta. Y por otro lado, la hostia, coño, me caigo de sueño, me caigo, me caigoooooooooooooooooooo
ooo
oo
o.

Estoy muriendo, poco a poco, moriré siendo dependienta de una tienda. Una dependienta con un aspecto lamentable, dicho sea de paso. Se me cae a pedazos la cara, me cuesta mantener los ojos abiertos. Necesito hostias como panes. Pero mira que es bonita la canción de los cojones. ¿Depresión post-Graná? ¿falta de sueño? ¿dolor de espalda? ¿trabajando muchas horas sola?

...

Yo no sé a qué se debe pero estoy de un bajón, que...
Mecagoentoloquesemeneatrescientosmillonesdeveces.

Y un par más, para (des)compensar.

...

Por lo menos sé que cierta persona tiene debilidad por la cancioncita de marras. Y eso está bien, coño. Eso está pero que muy bien.

...

Ea. Ya está terminando el disco de Moby en la tienda (con su puta madre), que me pone de un triste que no me aguanto. Así que voy a ponerme las pilas o a quitármelas del todo, pero así no podemos seguir. Hostiaputa. Estoy ignorando por completo a la gente que entra y me mira. Ellos me miran y a mí me dan ganas de curvar la boca queriendo decir puaj. Y hablando de puaj, y sin ir mucho más lejos, de puafff; me traje (compré, claro, aunque con chiquiprecios) libros de Praga. Y de la casa de la niña. Vamos, que vengo cargada de letras.

...

Y ya, se acabó, modo autocontrol y disciplina ON.
Y en un rato, a dormir.
Como una maldita.
Previa ingestión de todas esas cosas que me alucina no se hayan puesto a andar por la casa en mi ausencia.
Espárragos mágicos. Los míos trigueros. Las puntas.
Y me acuerdo del bote de los gordos y blancos que me dejé en tu casa, niña.

...

Otra vez será.