Ayer. Me llegaron voces cercanas, desde el mar. Quiero/quise estar. Me tapé con una sola colcha y el frío no pudo con mi cuerpo. Y además tuve la arena bajo los pies, pero me dejé los zapatos puestos.

Hoy. Comida abundante en la oficina, reencuentro con los de París. Tienen una fuerza y una sonrisa contagiosa. Dan ganas de vivir. Lo que sea. Aunque ahora las cervicales nauseabundas me ataquen de nuevo.

Mañana. Que no se diga. Siempre más.