Cervicales
A mediodía, una explosión con preaviso. Y además, las cervicales, o eso creemos todos los que tenemos los datos, me hacen acostarme, y mi cabeza se hunde, se hunde, la muy puta hace un agujero en el colchón. Y estoy rígida, y estoy tensa, y no quiero, porque yo estaba bastante tranquila para lo que soy yo, hasta hace tres días, vete tú a saber porqué. Con lo bien que estaba yo hace tres días, sentada en algún taburete (¡sí!) viéndole la cara a mi madre, a mi hermana, a mi queridísimo cuñado gurú. Y lo que parecía una almeja con malas ideas (entonces) va a resultar ser una de cervicales al vapor (ayer, hoy, ahora). Y tengo muchos planes (que si cervezas, que si gente que viene, que si gente que se va) y pocas ganas (no se ofendan los aludidos, no es nada personal), hoy, que se me cae la cabeza, que me pesa más de lo normal (dicen que son 4 kilos o así, la mía debe andar por la tonelada), me duele la espalda y prefiero estar callada que escribir cosas como que me he empezado un libro, o que me he terminado un libro, que el york en mi nevera se me ha puesto un poco rancio, que me he comido un yogur de pera, o que el taxista (enésimo) del otro día me habló en verso. De hecho, apunté algunas rimas en el móvil y acabé borrándolas por error. O por olvido. Tampoco es que fueran nada del otro mundo, pero él decía que se lo rifaban en las televisiones y que había viajado a las américas, y que una chica se había enamorado de él a la tierna edad de diecinueve años (él debe rondar los 60 o más), que era guapísima, de allí. Y todas las frases acababan con un verbo condicional, que rimaba con la palabra alegría, que coronaba el primer verso, todas las putas veces. Y me cayó bien, muy bien, jamás había tenido un viaje en taxi tan completo y surrealista, pero no sé escribir, ahora.
Me sobran las palabras o me faltan, pero al final, sólo sé que se me escapan. Tengo un bolígrafo que sólo escribe sobre blando, sobre mi almohada, sobre un cojín mullido. Y leí un poema que me dejó clavada, leyendo una y otra vez, en alguna página que me prestaron hace poco. Algo sobre el silencio, sobre las páginas en blanco. Y no lo cuelgo porque lo siento tan mío que me da miedo. Cuando los demás te leen la mente (y tienen el bonito gesto de publicarlo por aquí), puedes echarte a la sombra, a descansar. Yo leo mucho ahora. Y escribo más bien poco. Creo que es lo que necesito. Cerrar el pico, un poco, dosificarme, conmigo misma sobre todo. A veces no son palabras, no, son ojos que miren y de paso vean, son sillas que te sientan cerca de otros culos, son acciones menores que significan mundos, y son también algunos sacos de contacto físico (no estoy hablando de sexo), del que te hace pertenecer donde haga falta. Y voy bien, en realidad. Hay altibajos, sí. Carencias, también. Demasiada información, quizá. Pero sobre todo, esta maldita pesadez en la cabeza. Que me frena para no sé qué y me mete prisa para no sé cuánto. A lo mejor tiene que ver con digestiones pesadas, o con que el cielo estaba del color de la mostaza esta mañana. Creo que me estoy volviendo hipocondríaca, lo sé porque voy en el metro, sin escuchar música, escondida detrás de un cristal ahumado, poniéndome en lo peor. Y como vuelvan a preguntarme lo mismo una vez más, no respondo. Pero de buen rollo. Que no es contra nadie, es el cuarto y mitad de paja mental de hoy. Que me siento, sin más, sobre la tapa del retrete de la tienda y me quedo mirando al frente, con la mente en blanco y la cabeza incómoda.

28 ago 2007 | 10:08 PM
Bueno, que no sea nada. Y que sepas que el ordenador es malo :)
28 ago 2007 | 10:09 PM
Je, sí que lo es!
28 ago 2007 | 11:22 PM
ayyy... con las dosificaciones, ¡¡que nos pasamos de vueltas!!
a frenar y mirar un rato al vacío, a ver si todo se aclara.
bicos
29 ago 2007 | 12:23 AM
Derrapando me hallo, pero oye, que está bien así. Un poco a trompicones, pero con buen ritmo. Bicos pa ti, bellezón.
29 ago 2007 | 04:21 PM
Caricias para ti, cura sana...
29 ago 2007 | 04:22 PM
Ay... recibidas! (hoy estoy mejor, parece)
Mua!