He declarado este día como el Día Mundial de las Broncas. Deseadme suerte porque esta tarde rodarán cabezas. Se nos caerá el pelo. Nos gritarán y acusarán (con bastante razón, todo sea dicho). Y luego, para cerebrarlo (y si todo va bien y no he muerto defendiéndome), me tomaré una caña (o varias, sí, mejor varias) con Lucía.

Ay.

Dios nos coja confesados.